Apellidos en Cataluña

Apellidos en Cataluña: el primer apellido de origen catalán aparece en el puesto 26

Acto primero: el planteamiento de la cuestión

Desde que, en el siglo XVIII, Carlos III favoreció a Cataluña por encima de las demás regiones españolas regalándole las Manufacturas Reales (grandes talleres que trabajaban para aprovisionar al ejército y que estaban exentos de someterse a las reglas de los gremios), y promulgando el Decreto de Libertad de Comercio que arrebató a Cádiz su secular monopolio y abrió a Cataluña las puertas del comercio con Hispanoamérica de par en par, todos los gobernantes posteriores sin excepción, tanto reyes como presidentes de República y, en mayor medida que ningún otro, el dictador Francisco Franco, han favorecido a esta región en detrimento de las demás, colmándola de ventajas, privilegios y prebendas. Así, los catalanes vienen siendo desde hace siglos una pesada carga para el resto de españoles, como muestra la profusión de datos históricos expuestos en el artículo: ¿ESPAÑA OS ROBA? ¡CATALUÑA NOS PARASITA!

Acto segundo: el nudo del asunto

Los ciudadanos catalanes se han acostumbrado a que la gestión del gobierno de turno los favorezca convirtiendo a Cataluña en la fábrica de España, y a que el proteccionismo estatal privilegie sus productos, antaño gravando con aranceles abusivos a los de importación y hogaño con ayudas y subvenciones. Dicho en breve, se han arregostado a vivir mejor que el resto de españoles gracias al dinero de esos mismos españoles.

Para evitar la exacerbada indignación que provocaría el agravio comparativo si los demás llegáramos a tener una conciencia clara de esta realidad, los catalanes han desarrollado una estrategia a la que llaman catalanismo. Consta de dos capítulos: una puesta en escena basada en repetirnos de forma machacona e incluso cargante que España los explota, y una doble moral que tiene cara y cruz como las monedas. La cara es victimista, quejumbrosa y petitoria, siempre gimoteando afrentas inventadas y menoscabos imaginarios, pero exigiendo reparaciones reales en dinero contante y sonante. En cambio, en la cruz se muestran altaneros y desdeñosos, despreciando al resto de los españoles como a seres de una raza inferior.

Y hay que reconocer que el catalanismo ha funcionado y sigue funcionado de maravilla para gozo y disfrute de los catalanes. Siempre contando, claro está, con la rendida colaboración mediática e institucional que somete al común de los ciudadanos a una presión constante trufada de censura ideológica, para que soportemos con ovina sumisión las exigencias, las extorsiones, las imposiciones, las impertinencias y las afrentas con las que el catalanismo nos asedia de continuo; y para que digiramos el trágala de que lo políticamente correcto es considerarlas dignas de todo respeto.

Acto tercero: el desenlace que se avecina

Ningún parásito con algo de sentido común pretende matar a su hospedador porque sabe que eso acarrearía su propia muerte. Es obvio. Sin embargo, la espesa red de mentiras, manipulaciones, demagogias y quimeras tejida por el catalanismo, ha llegado a confundir a un número sorprendentemente elevado de habitantes de Cataluña, catalanes y advenedizos, que se creen realmente superiores y que profesan la fe de que su situación privilegiada con respecto al resto de españoles se debe a esa superioridad intrínseca e inmanente del ser catalán. Para pasmo y estupor del observador, han llegado al convencimiento de que, si consiguen librarse del supuesto lastre que les supone el resto de España, ascenderán como dioses redivivos a los celestes paraísos de la excelsitud.

El disparate es evidente para cualquier observador medianamente avisado. Incluso para la mayoría de los catalanes de verdad, esos en cuyo árbol genealógico no se encuentra un solo apellido terminado en “ez” ni remontándose hasta los tiempos de Chindasvinto. Esos catalanes genuinos cuyos padres, abuelos, bisabuelos y tatarabuelos, ya tenían clarísimo que el independentismo bien administrado, resulta una herramienta de coacción utilísima para expoliar las arcas del Estado… español, por supuesto. Pero es que ¡ay! el independentismo ha caído en manos de charnegos, esos falsos catalanes de quiero y no puedo que no entienden nada. Esos perros que han asumido las mentiras del catalanismo y, en su afán por ganar el respeto y la consideración de sus señores, van a terminar por joderlo todo. Pero ¿qué pretenden esos ignorantes? ¿Quieren vender la vaca que les da la leche? ¿Quieren comerse en pepitoria a la gallina de los huevos de oro? ¿Quieren acabar con el bienestar disfrutado por unos, los catalanes, y pagado por otros, el resto de españoles? ¿Es que no se han enterado aún de que pronunciando la palabra mágica, diálogo, la privilegiada situación de los catalanes se puede prolongar indefinidamente?

Por cierto, según el DRAE, la palabra charnego es la castellanización de la palabra catalana xarnego, que a su vez procede de la palabra española lucharniego, derivada de nocharniego, que es un perro adiestrado para cazar de noche, o sea, un perro. Ergo xarnego es perro que, curiosamente, es también la palabra que empleaban los nazis para referirse a los judíos. La convergencia evolutiva es lo que tiene.


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