ORADOR3Cambio, reforma y progreso. Palabras hermosas, halagüeñas, atractivas… Pero ¿qué se esconde detrás? ¿Cuál es su verdadero significado político? No olvidemos que quienes las han convertido en patrimonio exclusivo de su discurso, son los mismos que, a aquella espiral de despropósitos que terminó en fanatismo, guerras, destrucción y terrorismo en dosis despiadadas, la llamaron “Primavera Árabe”. Con un par.

Hoy, durante el desayuno, un locutor radiofónico ha tenido la indelicadeza de recordarnos que, en 2015, la región de la Unión Europea cuyos habitantes ganaron más dinero, es decir, los que tuvieron mayor renta per cápita, fue Londres, mientras que la penúltima fue Extremadura y la antepenúltima fue Andalucía, cuyos habitantes ganamos un veintiocho por ciento menos que la media. Dicho en cifras, si asignamos a la renta media europea el valor de cien, un londinense medio del llamado “Londres interior” ganó trescientos veinticinco, mientras que un andaluz medio ganó setenta y dos. Un madrileño ganó ciento veintiocho… y bueno, para buscar algo de consuelo, siempre nos podemos comparar con los malteses que, por término medio, solo ganaron veintinueve.

¿Es ese el significado político de cambio, reforma y progreso? Y si no lo es, si el significado es otro ¿a qué están esperando para aplicar eso otro en Andalucía?

Según mi particular saber y entender, un cambio o reforma que nos haría progresar, sería que en las diputaciones provinciales trabajaran todos los empleados públicos necesarios para que esos organismos cumplieran sus funciones con eficacia, es decir, más o menos el diez por ciento de los que hay. También progresaríamos si se privatizaran las televisiones autonómicas; si se privatizaran la mitad, como poco, de las universidades públicas, que no son más que máquinas de consumir recursos sin producir nada a cambio; si se les dieran becas y ayudas públicas solamente a los alumnos que demostraran un mínimo de competencia y afición por el estudio; si se redujera la presión fiscal sobre las pequeñas y medianas empresas; si Hacienda dejara de estrujar a la clase media; si se suprimieran las subvenciones que han convertido a nuestros cineastas en una especie de empleados públicos encubiertos y “a la griega”: que cobran sin siquiera tener que cumplir un horario de trabajo… Y, en fin, con el dineral que nos íbamos a ahorrar en impuestos, todos los ciudadanos podríamos pagarnos la afiliación sindical y los sindicatos podrían vivir de las cuotas de sus miembros y dejar de parasitar el erario público ¡qué eso sí que sería cambio, reforma y progreso, todo en uno!

Pero no, mucho me temo que no; que de eso nada, monada; que nanai de la China, Cristina; que son otra cosa, mariposa. Muy otra cosa, de hecho.

Si hubiera traductoras de “politiqués”- español y tecleáramos en “politiqués” la locución “cambio, reforma y progreso” ¿no nos aparecería en español “despilfarro, ruina y paro”? No sé, no sé…

Y para terminar, un último apunte que no tiene nada que ver con lo que antecede. Resulta que los nanai de la China existen. Son una etnia muy escasa que habita en la más septentrional de las provincias chinas, llamada Heilongjiang. También viven en la Siberia rusa.


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