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Cuenta Lewis Caroll en su famosa novela que, cuando Alicia atravesó el espejo, se encontró con una reina que le aseguró:

  • Tengo ciento un años, cinco meses y un día.
  • ¡No puedo creerlo! Le dijo Alicia.
  • ¿No puedes? Respondió la Reina en tono compasivo. Inténtalo de nuevo, pero esta vez respira hondo y cierra los ojos.
  • Alicia, tras soltar una breve carcajada, le replicó: – No sirve de nada intentarlo, uno no puede creer cosas imposibles.
  • Juraría que no tienes mucha práctica, objetó la Reina. Cuando tenía tu edad, siempre practicaba durante media hora al día. De hecho, siempre he creído no menos de seis cosas imposibles antes de desayunar.

Por fin, tras años de dudas e incertidumbres, he comprendido el subrepticio secreto que se oculta en este pasaje de “Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas”. Ha sido como un resplandor fugaz, un refulgente destello que ha iluminado la cruda verdad durante brevísimos instantes, pero suficientes para verlo claro: la reina del cuento oía Canal Sur Radio todas las mañanas antes de desayunar y veía Canal Sur Televisión durante media hora diaria.


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