
George Graham Vest (1830 – 1904) fue un abogado estadounidense que destacó por sus dotes en oratoria, debate y demagogia. Con esas habilidades entró en política y, lógicamente, le fue bien. Fue congresista en Misuri, congresista confederado durante la Guerra de Secesión y finalmente senador. Pero por lo que ha pasado a la posteridad es por ser el autor de la frase el perro es el mejor amigo del hombre.
Sucedió en la población de Warrensburg, condado de Johnson, Misuri, que entonces tenía dos mil novecientos cincuenta habitantes, siete veces menos que en la actualidad. La noche del veintiocho de octubre de 1869, el granjero Charles Burden encontró a su perro Old Drum (Tambor viejo), muerto a tiros. Su vecino y cuñado, Leonidas Hornsby, había perdido muchas ovejas por ataques de perros asilvestrados, y había proclamado su intención de matar a cualquier cánido que entrara en su propiedad. Por este motivo Burden lo culpó de la muerte de su perro e inició una batalla legal contra él. En una primera demanda por daños y perjuicios, pidió cien dólares y perdió. Demandó entonces por cincuenta dólares y volvió a perder. Mas Burden no se daba por vencido fácilmente y volvió a demandar, obteniendo esta vez una compensación de veinticinco dólares, pero Hornsby ganó la apelación y anuló el veredicto. Burden volvió a la carga con una cuarta demanda, pero esta vez representado por George Graham Vest, quien anunció que, si no obtenía una sentencia favorable, le pediría disculpas personalmente a todos y cada uno de los perros de Misuri. El veintitrés de septiembre de 1870, el abogado, dejando a un lado los detalles del caso que se juzgaba, aprovechó su alegato final para pronunciar un apasionado panegírico sobre las virtudes de los canes. Su discurso conmovió hondamente al jurado, al público e incluso al abogado contrario, y dejó huella en los anales del derecho estadounidense en el que ha sentado plaza con el nombre de Elogio al perro:
Caballeros del jurado: el mejor amigo que un hombre pueda tener podrá volverse en su contra y convertirse en su enemigo. Su propio hijo o hija, a quienes crio con amor y atenciones infinitas, puede demostrarle ingratitud. Aquellos que están más cerca de nuestro corazón, aquellos a quienes confiamos nuestra felicidad y buen nombre, pueden convertirse en traidores. […] El único, absoluto y mejor amigo que tiene el hombre en este mundo egoísta, el único que no lo va a traicionar o negar, es su perro. […] el perro de un hombre permanece a su lado en la prosperidad y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad. Dormirá en el suelo frío donde sopla el viento y cae la nieve, sólo para estar junto a su amo […]
La sentencia fue unánime y le otorgó a Burden cincuenta dólares de indemnización. Hornsby apeló, pero en esta ocasión Vest volvió a ganar y el veredicto fue ratificado por la Corte Suprema de Misuri. Desde entonces, la frase el perro es el mejor amigo del hombre se ha convertido en axioma, y desde 1958 el sabueso Old Drum tiene una estatua de bronce frente al Tribunal del Condado de Johnson en Warrensburg, con un extracto del alegato de Vest grabado en el pedestal. Y la frasecita de marras, investida ya con la sacralidad del tópico, se exhibe en el frontispicio de muchas perreras, igual que en los campos de exterminio alemanes figuraba, a modo de lema, el título de la novela de Lorenz Diefenbach Arbeit macht frei (El trabajo te hace libre), o en las escuelas británicas colgaba antaño el célebre poema de Rudyard Kipling If (Si).
Sin embargo, no todo el mundo está de acuerdo con que el perro sea el mejor amigo del hombre. Empezando por Aristóteles, padre de la ética, para quien la amistad exige reciprocidad y cuidados mutuos análogos, por lo que solo los iguales pueden ser amigos. Y, ¿acaso hombres y perros somos iguales? Pues la respuesta es no, aunque la imagen, cada vez más frecuente, de un ejemplar de Homo sapiens empujando un carrito de bebé en cuyo interior va acomodado un ejemplar de Canis familiaris, nos haga preguntarnos cuál de los dos especímenes es el inteligente. Por no hablar de los fulanos que, en aquellos países donde la legislación lo consiente, nombran herederos a sus canes. Pero no. A pesar de estas peculiares conductas y del animalismo rampante que nos acosa, la respuesta sigue siendo no. Georg Wilhelm Friedrich Hegel (Stuttgart, 1770 – Berlín, 1831), destacado filósofo alemán, lo tenía claro. Aunque tuvo con su perro la deferencia de dedicarle una de las tres únicas poesías que escribió en su vida, en ella dejó claro que la relación que los unía no era precisamente de amistad, y mucho menos de igualdad. Este es el poema que le escribió a su chucho el diez de diciembre de 1798:
Se interna en la llanura dando grandes rodeos, y retorna a nosotros;
escarba en la tierra, me ve y ya brinca a mi vera. ¿Dónde se queda?
Ahora ha encontrado compañeros de juegos. Se hostigan, huyen y se buscan;
el que acosaba, ahora huye. Pero, mira, se están alejando demasiado.
¡Ven aquí! La palabra lo arranca del instinto e impone la vuelta al amo.
Pero una perra vuelve a atraerlo a la derecha. ¡Quieto!
¡Aquí! No hace caso. Te espera el palo. Se me pierde de vista.
Camina junto al seto con pasos que la mala conciencia retarda.
¡Ven aquí! Me rodeas de lejos, mueves el rabo. Tiene que… [echar su cagada]
¿Nunca habéis visto qué es «tener que»? Aquí lo veis. No puede evitarlo.
¿Gimes bajo los palos? Pues obedece a la llamada de tu amo.
Por otro lado, están los musulmanes para los cuales el perro es un animal impuro solo tolerable para la caza o para guardar ganado, pero desaconsejable como mascota porque su contacto y, peor aún, el de su saliva, “impurifica” y obliga al creyente a lavarse siete veces, una de ellas con tierra, para recuperar la pureza y que sus oraciones vuelvan a ser válidas. La razón es que una de las seis compilaciones canónicas de hadices en el islam, la de Sahih Muslim realizada por el imán Muslim ibn al-Hajjaj —considerada por los sunitas una de las más auténticas de la sunna del Profeta— dice: Quien sea que mantenga un perro, exceptuando al perro que está entrenado para la caza o para reunir al ganado, se le reducirán sus bendiciones cada día en una cantidad equivalente a dos montañas. Bien distinto es el caso de los gatos, pues al profeta Mahoma le gustaban, especialmente Muezza, su gata predilecta. En consecuencia, los gatos son considerados por los sarracenos animales limpios y dignos de compartir hogar con los humanos.
Otras religiones como el budismo o el hinduismo consideran a los perros dignos de recibir un trato amable y compasivo, pero no recomiendan tenerlos en casa como mascotas. En el hinduismo son vistos como animales sucios y no gozan de mucha estima. Si bien los hindúes consideran sagrados a todos los animales, hay una jerarquía, que encabeza la vaca, en la que el perro ocupa uno de los últimos lugares si no el último. En general, los hindúes no se sienten inclinados a tenerlos en sus casas aunque les den buen trato. Precisamente fue un hindú, Mahatma Gandhi, el que dijo: El nivel de desarrollo de una sociedad se mide por el trato que dispensa a sus animales.
En el ámbito de la cristiandad, tampoco hay unanimidad al respecto. El filósofo y escritor José María Herrera (Ronda, 1961), desmiente una de las afirmaciones del famoso alegato de Vest, la de que el perro sólo pide el privilegio de acompañar a su amo para defenderlo de sus enemigos, constatando que las noticias de deslealtad canina quintuplican a las de chuchos heroicos que salvan a sus amos. Y apoya su afirmación en un suceso de la época (2011): en un pueblo de Málaga, un policía municipal vestido de paisano, que sacó a pasear a su perro, fue asaltado por una cuadrilla de criminales que le dieron una paliza y le robaron. El perro huyó, y cuando el maltrecho policía logró llegar al portal de su casa, encontró allí a su mascota meneando la colita y gimiendo lastimeramente como si los palos los hubiera recibido él.
Mucho antes que el señor Herrera, Wenceslao Fernández Flores (La Coruña, 1885 – Madrid, 1964), harto también de tanta monserga filocanina, empleó su pródigo ingenio en argumentar que el mejor amigo del hombre es la sardina; porque ¿cómo explicar si no el hecho asombroso de que un pescador se adentre en el mar con su barquita, arroje una red al agua y la sardina, con todo el espacio de que dispone, acabe en el cesto? Y en justa correspondencia a esta suprema demostración de amistad, don Wenceslao proponía a la sardina como alternativa a la edad cronológica para conocer el grado de juventud o de vejez de cada quien. Así, la edad vendría determinada por la cantidad de sardinas que uno pueda digerir de una sentada, de forma que alguien capaz de digerir dos docenas de sardinas, aunque tuviera setenta años, sería más joven que un chaval que no pudiera con media docena.
Su contemporáneo, el escritor de cuentos británico Hector Hugh Munro (Akyab, Birmania, 1870 – Beaumont-Hamel, Francia, 1916), conocido por el nombre literario de Saki, en su cuento EL CASAMENTERO defendió que el mejor amigo del hombre es la ostra:
No hay nada en el mundo que pueda compararse en generosidad a una ostra; no sólo nos perdonan nuestra falta de piedad cuando nos las comemos, sino que incluso la justifican y nos invitan a seguir devorándolas […] Creo que las ostras son más hermosas que ninguna religión […] Nada hay en el cristianismo o en el budismo que iguale la comprensiva generosidad de una ostra.
De la misma opinión fue el escritor, diplomático, director de cine y pintor Edgar Neville Romrée (Madrid, 1899 – 1967): el mejor amigo del hombre no es el perro, es la ostra. Podría argumentarse que lo mismo cabe decir del percebe o del mejillón, pero lo cierto es que la ostra es el afrodisíaco por excelencia debido a que es el alimento con mayor concentración de zinc de la naturaleza, y el zinc estimula la producción de testosterona en el hombre y de prolactina en la mujer, por lo que potencia tanto el deseo como el vigor sexual. ¿Es este un rasgo de amistad? Pues depende de la jerarquía de prioridades de cada cual, pero no son pocos los que entienden que sí que lo es, y de amistad de la buena. Y es que un animalito que proporciona placer gustativo y sexual de una tacada, no es cosa baladí.
Enrique Mapelli López (Málaga, 1921 – Madrid, 2018), doctor en Derecho especializado en Derecho Aeronáutico, director de los servicios jurídicos de Iberia, padre del Derecho Aeronáutico Internacional junto con Luis Tapia Salinas y, por si todo esto fuera poco, escritor gastronómico, divulgador de la cocina tradicional malagueña y declarado entusiasta de la cazuela de fideos, otorga el cetro de mejor amigo del hombre al cerdo:
El cerdo, rey de los animales, el más generoso de todos ellos, el mejor amigo del hombre, se entrega por completo. Todo su ser es aprovechable, pero no hay parte alguna de su carne que pueda compararse al jamón.
Y no es el único. Ya don Miguel de Cervantes (Alcalá de Henares, 1547 – Madrid, 1616), puso en boca de su don Quijote: Esta Dulcinea del Toboso, tantas veces en esta historia referida, dicen que tuvo la mejor mano para salar puercos que otra mujer de la Mancha.
Este entusiasmo hispano por el cerdo, especialmente por nuestro cerdo ibérico, es tan antiguo y extendido que lo recoge el refranero español: Del cerdo, hasta los andares, significando que es un animal del que se utiliza todo, hasta las pezuñas. Y todos sus aprovechamientos nos resultan a cuál más suculento y exquisito, como manifiesta la otra variante del refrán: Del cerdo me gustan hasta los andares.
Para Manuel Halcón y Villalón-Daoiz (Sevilla, 1902 – Madrid, 1989), marqués de Villar de Tajo, novelista, periodista y académico de la RAE, el calumniado cerdo es el animal más limpio, que se enfanga por amor al agua, que hoza en el suelo no tanto para buscar la lombriz como para aspirar el efluvio de la tierra.
En opinión de José María Herrera, la primacía del perro sobre todos los candidatos mencionados y sobre otros que se podrían proponer, se debe a que la costumbre de retratar a los reyes junto a sus perros nos ha convencido de que son animales dignos de toda confianza. En cambio, la ostra, la sardina o el cerdo, nunca han dado demasiado juego en las artes plásticas. Yo, sin ánimo de deslucir tan ingenioso argumento, no puedo terminar el relato sin manifestar mi afición a los perros. Desde mi ya lejana mocedad, diversos chuchos me han proporcionado compañía, fidelidad, cariño y gratificaciones suficientes para justificar sobradamente esta simpatía. Pero… De gustibus et coloribus non est disputandum, como diría el escritor romano Marco Terencio Varrón (116 – 27 a. C.), otro gran partidario de los perros.
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Fuentes. –
Enrique Mapelli López, LA GASTRONOMÍA EN VERSO, Ediciones Profesionales y Empresariales S. A., Madrid 2000, p. 125.
Arturo Rivas Seminario, blog Mousiké, 17-09-2009, Hegel, POEMA A SU PERRO, tomado de: “Dokumente 383″, en Hegel, G.W.F., Escritos de juventud, México: Fondo de Cultura Económica, 2003, p. 255.
José María Herrera, artículo EL MEJOR AMIGO DEL PERRO, El Imparcial, 19-02-2011.
Alexis Ravelo, DOCE CUENTOS MALÉVOLOS, DELICIOSA MALA BABA, blog Ceremonias, 02-03-2013.
Hector Hugh Munro, “Saki”, EL CASAMENTERO, textos.info, 14-05-2018.
Rodrigo Cota, artículo DESEO SER FELIZ, Diario de Pontevedra, 31-12-2018.
A tu salud, LAS OSTRAS MEJORAN LA VIDA SEXUAL, La Razón, 16-07-2019.
Datos LR, ¿POR QUÉ EN QATAR SE DICE QUE LOS PERROS SON ANIMALES IMPUROS?, Diario La República, 07-12-2022.
Camilo Andrés Peña Castañeda, artículo ¿QUÉ DICEN LAS DISTINTAS RELIGIONES SOBRE LOS ANIMALES DE COMPAÑÍA?, DIARIO El Tiempo, 26-03-2024: www.eltiempo.com
Cecilia Castro, artículo ¿CUÁL ES EL ORIGEN DE LA FRASE “EL PERRO ES EL MEJOR AMIGO DEL HOMBRE”?, Infobae, 28-07-2024: www.infobae.com
Muy ilustrativo,cómo siempre.