Paolo_Veronese_-_Battle_of_LepantoSiete de octubre de 1571, festividad de la Virgen del Rosario: “La más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros” (D. Miguel de Cervantes Saavedra). Siete de octubre de 2015: cuadringentésimo cuadragésimo cuarto aniversario de aquella ocasión.

Tal día como hoy, pero de hace cuatrocientos cuarenta y cuatro años, España, por segunda vez en su historia, conjuró el peligro de que la civilización occidental fuera sometida por el islam, palabra que, por cierto, significa sometimiento. La primera había sido en 1212 en las Navas de Tolosa. Solamente nos echaron una mano los Estados Pontificios, la República de Venecia, la Orden de Malta, la República de Génova y el Ducado de Saboya. El resto de territorios católicos y, por supuesto, todos los protestantes, se frotaban las manos pensando que, una derrota de la Liga Santa, dejaría a su merced parte del dominio y poder que entonces detentaba España. Los muy necios, en un ejercicio de estolidez supina, creían que, derrotado don Juan de Austria por Alí Bajá, el sultán Selim II se retiraría a sus lares y les dejaría recoger los frutos de la victoria. ¡JA! El mismo error habían cometido los opositores de don Rodrigo en el año 711, cuando llamaron en su auxilio a los sarracenos norteafricanos y desertaron después en plena batalla de Guadalete. Costó ocho siglos de sangre y denuedo enmendar la metedura de pata. El mismo error que estamos cometiendo actualmente los países europeos, que cada día nos asemejamos más al Bizancio del siglo XV.

He aquí algunas anécdotas relacionadas con aquella providencial victoria:

⇒Es la batalla más sangrienta de toda la historia naval: 16.000 bajas entre muertos y heridos por la parte cristiana y 30.000 por la turca. Ni siquiera durante las dos guerras mundiales, hubo batalla naval que superara estas cifras.

⇒El horror y la ferocidad del combate, queda de manifiesto en esta descripción de don Luis Cabrera de Córdoba: “Jamás se vio batalla Lepanto5[1]más confusa; trabadas de galeras una por una, y dos o tres, como les tocaba… El aspecto era terrible por los gritos de los turcos, por los tiros, el fuego y el humo; por los lamentos de los que morían. Espantosa era la confusión, el temor, la esperanza, el furor, la porfía, el tesón, el coraje, la rabia, la furia; el lastimoso morir de los amigos. Animar, herir, prender, quemar, echar al agua las cabezas, brazos, piernas, cuerpos, hombres miserables; parte sin ánima, parte que exhalaban el espíritu, parte gravemente heridos, rematándolos con tiros los cristianos. A otros que nadando se arrimaban a las galeras para salvar la vida a costa de su libertad, y aferrando los remos, timones, cabos, con lastimosas voces pedían misericordia, de la furia de la victoria arrebatados, les cortaban las manos sin piedad, sino pocos en quien tuvo fuerza la codicia, que salvó algunos turcos”.

⇒La Infantería de Marina española, la más antigua del mundo, se inició durante el reinado de Felipe II. Su primera unidad, el Tercio de Armada, debutó en esta batalla.

⇒Tras la victoria, se liberaron 12.000 galeotes cristianos de las naves turcas y… ¡Oh sorpresa! Un importante número de ellos eran mujeres. Se conoce que los turcos, para proveer sus galeras de remeros cristianos, no eran sexistas.

⇒Ya por la noche, cuando los soldados celebraban la victoria, descubrieron con estupor que uno de los que había combatido con más arrojo y bravura, y vivía para contarlo, era… ucervantes juan_de_jaureguina mujer. En premio a su valor y de forma extraordinaria, se le otorgó plaza en el Tercio de Lope de Figueroa.

⇒A bordo de la galera Marquesa, don Miguel de Cervantes Saavedra participó en la batalla de Lepanto, combatiendo “muy valientemente”, según testimonio posterior de sus compañeros. En el momento de la batalla estaba aquejado de malaria y sufría fortísimas calenturas. Su capitán lo mandó bajo cubierta, a la cámara de la galera, y sus camaradas intentaron convencerlo de que cumpliera la orden porque no estaba en condiciones ni de tenerse en pie. Sin embargo el tozudo Miguel, se presentó voluntario para ocupar plaza en la proa de la nave, el lugar más expuesto al fuego enemigo, porque “más quería morir peleando por Dios e por su rey que meterse so cubierta”. Combatió con arrojo y recibió dos arcabuzazos en el pecho, que hicieron peligrar su vida pero de los que se recuperaría, y otro en el brazo que le inutilizó para siempre la mano izquierda. De aquel lance obtuvo como recompensa fama y honor, el apelativo “El manco de Lepanto” como timbre de gloria, y la cantidad de cuatro ducados que le concedió don Juan de Austria como premio a su heroísmo. A pesar de quedar lisiado, durante el resto de su vida estuvo orgulloso de haber combatido con honor en “la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros”.


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