DSC01401Dedicado a mi buena amiga Alicia.

Como cada año cuando el invierno discurre por el apogeo de su recorrido, nuestra amiga Alicia rinde homenaje a su ascendencia gallega, al dios celta de la gula y a la amistad que nos une, todo de una sola tacada, organizándonos una soberbia laconada.

Como en cualquier tarde de fiesta que se precie, lo primero es regar la plaza. Hay que poner el ruedo gástrico en condiciones óptimas para que las faenas que se dispone a albergar, luzcan con el esplendor debido. A tal fin, iniciamos la función con unas cervezas, gallegas por supuesto, unos aperitivos ligeros, y charla amena y jocunda que predisponga el espíritu al goce y al solaz. Mientras tanto, entre bambalinas, sabias manos afinan los últimos detalles de la tramoya.

Lo siguiente es… el paseíllo, naturalmente. El espacio que separa el salón del comedor es escaso, pero la entrada en él resulta apoteósica. La iluminación brillante y la mesa espectacular, con todos sus detalles primorosamente dispuestos con tanto esmero como elegancia, anticipan en el espíritu del comensal los deleites que se avecinan, envolviéndolo en una grata sensación de bienestar.

Continúa el espectáculo. Nos esperan ya los entrantes de enjundia regados con delicioso albariño a la temperatura perfecta, que menudo es el Sr. Presidente para esos extremos. Nunca falta el pulpo con el aderezo que nosotros llamamos “a la gallega” y los gallegos llaman “a feira”: rodajas de patata de medio centímetro de grosor en su punto exacto de cocción, sobre las que descansan sicalípticas porciones de pulpo, tiernas como el llanto de un niño con pena, espolvoreado todo ello con escamas de sal, pimentón extremeño y aceite jaenero. ¡Ah! Y la temperatura templada que es como gusta en Galicia. Sabio, sencillo y exquisito. Junto a ellos, berberechos, mejillones de impresionante tamaño, y otro sinfín de delicias a cual más apetitosa. Pero cuidado, no nos apresuremos ni nos saciemos que estamos en la segunda faena, y aún nos quedan otros cuatro toros que lidiar.

La Presidencia señala cambio de tercio: el vino tinto sustituye al blanco. Es el clarín que anuncia la llegada de la sopa, ese caldo gallego famoso en las cuatro esquinas del orbe, que entona el cuerpo, gratifica el paladar y reconforta el espíritu. Sin duda le da sopas con honda, nunca mejor dicho, al sorbete que los profesionales de la restauración han dado en intercalar en los menús porque hace elegante… ¿Sabrán ellos?

El caldo cálido y sabroso, nos restituye la disposición cabal para encarar con ánimo elevado y fe en el triunfo, la segunda parte del festejo.

DSC01360Ya llegan las fuentes de patatas, que siempre están sabrosas y en su punto exacto de cocción; de garbanzos con la piel en su debido emplazamiento y tan tiernos que se deshacen al presionarlos entre la lengua y el paladar; y de nabiza, esa riquísima verdura que no tenemos costumbre de consumir por estos pagos y a la que los gallegos, a fuer de unir su nombre al del lacón en la filiación de este afamado manjar, han conseguido convertirlo en su apellido: lacón con grelos, pero dicho así, todo junto, como si fuera un nombre formado por una sola palabra, laconcongrelos habría escrito don Francisco Umbral.

Servidas en el plato las porciones adecuadas, y condimentadas solo con un chorreón de aceite, se quitan la vez colmándonos de gusto el paladar; pero conviene recordar lo que nos decía nuestra madre acerca de tener el ojo más grande que la tripa. Por ricas que estén legumbres y verduras, que a fe mía que lo están, hay que vencer la tentación de repetir más de una o dos veces, porque ya el lacón espera impaciente su turno en la fuente/puerta de chiqueros.DSC01362

Y ¿qué decir del lacón? Si todos y cada uno de los componentes de esta comida acarician la perfección, el lacón alcanza las cotas de lo sublime. Sabrosísimo, tiernísimo, delicuescente en boca… en fin, lo que hubieran querido comer los dioses del Olimpo en días de fiesta grande, si hubieran gozado de la fortuna de tener amigos gallegos.

DSC01366A estas alturas, el espectacular festival de imágenes, olores y sabores ha afectado de tal modo a nuestro espíritu, que nos sentimos inclinados a contemplar el futuro de España con optimismo, a tener fe en la Humanidad, e incluso a creer en la bondad innata del ser humano.

Pero ¡ojo! No cantemos victoria aún que todavía queda por lidiar el sexto morlaco, el que cierra el festejo y remata una tarde gloriosa: la tarta gallega con su cruz de Santiago en bajorrelieve.

En llegando a este punto, siempre mi ánimo flaquea y pasa fugazmente por mi mente la tentación de rendirme. Téngase en cuenta que mi ascendencia solo es castellana, malagueña y prusiana, nada de gallega… y eso, en la mesa, se nota.

Para rearmarme de valor y sobreponerme al momentáneo DSC01363desánimo, pienso en las tazas de queimada que, consumido el postre, acudirán en ayuda de los jugos gástricos para digerir los morlacos que campan como abantos por el albero del estómago. Además, en español la palabra rendición solo existe para poder traducirla de otros idiomas, así es que: a por la tarta.

¡Por Santiago y cierra España!

Fernando R. Quesada Rettschlag.

Escrito en La Carolina, a trece de marzo del año de gracia de dos mil quince.


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