Pinos

Todas las fotos que acompañan este artículo, menos una, están tomadas el pasado domingo treinta y uno de enero. En efecto, enero, y no solo están los pinos cuajados de nidos de procesionaria, sino que las orugas deambulan ya por el suelo.

DSCEn estas latitudes, el descenso de las orugas para enterrarse, solía producirse a finales de febrero o principios de marzo, como puede verse en la foto que tomé en la misma zona (llanos de las Américas), en el año 2007. Pero claro, con estas temperaturas los animalitos se comportan como si la primavera hubiera llegado ya. Como diría cierto personaje de infausto recuerdo: ¿Cambio climático? ¿Qué cambio climático?DS

Hará cosa de un par de décadas, tuve la oportunidad de observar el efecto devastador causado por una tremenda plaga de procesionarias, en el Parque Natural de Cazorla, Segura y Las Villas. Desde una zona elevada, pude otear una gran extensión de coníferas, en la que una mitad estaba defoliada como si hubiera sufrido un incendio. Los árboles sin acículas asemejaban esqueletos descarnados. Se apreciaba nítidamente la línea de separación entre la masa de árboles atacados y la de los sanos: el frente de avance de la plaga. No quiero pensar que la profusión de nidos que se ve en las fotografías, nos depare un espectáculo ni remotamente parecido en nuestro recoleto y encantador Parque Natural de Despeñaperros.

DSC08605La procesionaria del pino es la oruga de una mariposa nocturna que los entomólogos llaman Thaumetopoea pityocampa. Debe su nombre a que, para desplazarse, forma largas columnas de individuos unidos entre sí. Se alimenta de hojas de coníferas, preferentemente pinos. Vive en toda la cuenca del Mediterráneo y, hacia el norte, llega hasta Centroeuropa.

Constituye la plaga más importante de los pinares españoles, y aunque sus preferidos son el pino laricio (Pinus nigra), el pino canario (Pinus canariensis) y el pino silvestre (Pinus sylvestris), ataca a todas las especies e incluso a cedros y abetos.

En verano aparecen las mariposas que tienen una vida muy corta, solamente uno o dos días durante los cuales, ni siquiera se alimentan. Viven lo justo para aparearse y realizar la puesta en las acículas de las coníferas.

Treinta o cuarenta días después, entre mediados de septiembre y DSC08553'mediados de octubre, nacen las orugas que tienen un comportamiento cooperativo, construyen nidos o bolsones de seda que les sirven de refugio para soportar los fríos del invierno, mientras se alimentan de las hojas del árbol.

La defoliación no suele producir la muerte de los pinos, pero los debilita grandemente frente a otras plagas y enfermedades.

Cuando llegan las primeras templanzas primaverales, entre finales de febrero y primeros de abril, las orugas descienden al suelo en procesión, se entierran, fabrican un capullo y se transforman en crisálidas. De ellas surgen en verano las mariposas que se aparearán dando comienzo un nuevo ciclo.como-combatir-procesionaria-pino[1]

Los pelos de las orugas constituyen su defensa natural, pues son urticantes y alergénicos. Cuando los pierden, flotan en el aire y se dispersan provocando irritaciones y reacciones alérgicas en la piel y en las vías respiratorias.

Existen muy diversas formas de controlar la proliferación de esta especie para evitar que se convierta en plaga: cortar los nidos y quemarlos; colocar en el tronco conos de plástico invertidos que lo abracen e impidan que las orugas lleguen al suelo y se entierren; pulveriza los pinos con Bacillus thurigiensis que, ingerido con las acículas, resulta mortal para las orugas; los clásicos insecticidas químicos; colocar trampas con feromonas que atraen a los machos y los atrapan, evitando así que fecunden a las hembras; etc.

Sin embargo, el control más eficaz, sencillo y económico es el que ha previsto la propia naturaleza: los pájaros insectívoros que son los depredadores naturales de las orugas; especialmente carboneros y herrerillos. Bastaría con controlar la caza furtiva y el consumo ilegal de pajaritos para que se solucionara el problema por sí solo.

Como durante muchos años, este furtiveo se ha venido practicando de forma masiva, la población de aves insectívoras ha disminuido drásticamente. Para ayudar a su recuperación, las administraciones medioambientales pusieron en marcha un programa de instalación de nidos artificiales en todos los espacios naturales bajo su jurisdicción. No estaría de más que los ciudadanos, a título particular, nos sumáramos a esta actuación, cada cual en la medida de sus posibilidades.


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