Mural de Diego Rivera que representa al Tenochtitlán prehispano, el mítico paraíso perdido de los indigenistas

10 – El colmo del tontiberismo: ser indigenista y vegano, todo en el mismo paquete. –

El indigenismo es un movimiento que iniciaron los partidos comunistas de Hispanoamérica siguiendo instrucciones de Moscú cuando todavía era capital de la Unión Soviética[1]. Su objetivo era balcanizar todavía más las actuales repúblicas hispanoamericanas para romperlas en paisitos aún más atrasados, débiles, pobres y, consecuentemente, en presas aún más fáciles para el comunismo. Fruto de este movimiento, en 1940 se celebró en Pátzcuaro (México) el primer Congreso Indigenista Interamericano en el que se fundó el Instituto Indigenista Interamericano. Desaparecida la Unión Soviética, el Foro de São Paulo, creado en 1990 por iniciativa de Fidel Castro y Lula da Silva, se proclamó heredero y continuador de las viejas políticas soviéticas incluido el desarrollo del indigenismo en Iberoamérica. Para ello, fomenta la leyenda negra antiespañola, impulsa el independentismo entre los indios predicando la existencia de naciones indígenas destinadas a constituirse en Estados independientes, y promueve la sustitución del español por sus lenguas vernáculas —cuantas más mejor[2]— para destruir el mayor vínculo que mantiene la unidad cultural entre los hispanos: el idioma común. Consecuencia y plasmación de este activismo fueron las movilizaciones indigenistas en contra del V Centenario del Descubrimiento en 1992. El objetivo es volver a la situación de la América prehispana en la que, según Marcelo Gullo[3]:

Un indio aimara o quechua que hubiese intentado caminar desde el lago Titicaca hasta las playas de Cancún habría tenido que dominar unas trescientas lenguas distintas para explicarle a cualquiera con quien se topara que era un indio amigo y no un enemigo.

Lógicamente, la perspectiva de unas republiquitas indias fácilmente manejables y explotables encandiló a los Estados Unidos tanto o más que a la antigua Unión Soviética. En consecuencia, se aplicó de inmediato a patrocinar y financiar el movimiento indigenista. Y en esas está, agitando con renovado ímpetu el espantajo de la leyenda negra, incitando a sus ciudadanos a odiar a España y a todo lo español, azuzándolos a derribar estatuas de Colón y de San Junípero Serra, sustituyendo el Día de Colón por el Día de los Pueblos Indígenas[4]… poniendo, en definitiva, su poderío económico y su bien engrasada y muy eficaz maquinaria propagandística al servicio del asqueroso objetivo de completar la destrucción de Hispanoamérica. Según explican Miguel Mazzeo y José Agustín Sánchez[5]:

El mejor modo de dominar a un pueblo es hacerle sentir vergüenza de sus orígenes, su identidad y su historia. Esa es la razón de ser fundamental del antihispanismo.

Y en palabras de Marcelo Gullo Omodeo[6]:

La propagación de la leyenda negra y del indigenismo fue parte sustancial de la política exterior de Gran Bretaña, de Estados Unidos y, curiosamente, de la Unión Soviética. Todos esos “buenos muchachos” que cada 12 de octubre desfilan por las calles de Lima, Santiago de Chile o Buenos Aires contra la conquista española de América, siendo lo mejor que tenemos, porque son jóvenes idealistas, son al mismo tiempo la mano de obra más barata del imperialismo internacional del dinero, que utiliza el fomento del indigenismo para realizar una nueva balcanización de Hispanoamérica.

Por supuesto, tanto el proyecto soviético como su variante estadounidense contaron desde el primer momento con la sumisa y entusiasta colaboración de las tontíberas élites hispanas, y en ese contexto se explican las extemporáneas declaraciones antiespañolas, tanto del presidente de México López Obrador, que sirve a los Estados Unidos[7], como de los presidentes de Venezuela Chávez y Maduro, al servicio del comunismo internacional, o del papa Francisco, quien, al parecer, solo sirve a su propio odio a España. En todo caso, debería mover a reflexión la cruel paradoja de que las políticas negrolegendarias, indigenistas y supuestamente antiimperialistas de Evo Morales y Luis Arce en Bolivia, Pedro Castillo en Perú, Gabriel Boric en Chile o Gustavo Petro en Colombia, los convierten en los colaboradores más eficaces del imperialismo anglosajón y, de un tiempo a esta parte, también del expansionismo comercial de la China comunista. Según nos dice el historiador chileno Pedro Godoy[8]:

No captan el mestizaje como el fundamento de nuestra identidad. Esa mixtura la tuvo muy clara Bolívar, no así Chávez que suprime el 12 de octubre como Día de la Raza y anuncia que nuestra América debe denominarse “América India”. Esta devoción indigenista es la otra cara de la leyenda negra. Nos pulveriza y es una política incentivada desde los centros mundiales de poder.

El lado jocoso de este apestoso asunto es que ha forjado el tipo de tontíbero más incongruente que imaginarse pueda: el tontíbero progresista, indigenista, vegano y buenista, que identifica la América prehispana con el Paraíso Terrenal en versión laica; un paraíso de paz, amor y concordia en el que los pueblos y las personas vivían en feliz armonía. El caso es que, para evidenciar la inmensa capacidad de estos fulanos para engullir contradicciones sin atragantarse, basta con recordar las aficiones antropófagas de los indios antes de que llegaran los españoles… ¡Uy! perdón, he escrito indios y ahora lo políticamente correcto es llamarlos “pueblos originarios”. Pues rectifico: basta con recordar el canibalismo feroz que practicaban los pueblos originarios.

Antes de la conquista, los distintos pueblos que habitaban el continente apenas tenían costumbres comunes: hablaban distintas lenguas, practicaban distintas religiones, todos eran enemigos de todos y vivían en estado de guerra permanente. Casi lo único que tenían en común era la práctica de sacrificios humanos. Los indios caribes, los mexicas, los pijaos, los panches, los guaraníes y otros muchos, eran caníbales consumados y no veganos posmodernos habitando una Arcadia feliz, como ahora pretenden hacernos creer los mismos que los llaman “pueblos originarios”. La siguiente cita[9] resulta muy esclarecedora al respecto. Está tomada de Marvin Harris (1927-2001), un famoso antropólogo neoyorquino nada sospechoso de ser hispanófilo. De hecho, fue tan antiespañol como cabe esperar de cualquier estadounidense que desde el parvulario estudia las mentiras de la leyenda negra en sus clases de Historia[10]:

La principal fuente de alimento de los dioses aztecas estaba constituida por los prisioneros de guerra, que ascendían por los escalones de las pirámides hasta los templos, eran cogidos por cuatro sacerdotes, extendidos boca arriba sobre el altar de piedra y abiertos de un lado a otro del pecho con un cuchillo de obsidiana esgrimido por un quinto sacerdote. Después, el corazón de la víctima —generalmente descrito como todavía palpitante— era arrancado y quemado como ofrenda. El cuerpo bajaba rodando los escalones de la pirámide, que se construían deliberadamente escarpados para cumplir esta función […]. Todas las partes comestibles, se utilizaban de un modo claramente comparable con el consumo de los animales domesticados. Es legítimo describir a los sacerdotes aztecas como asesinos rituales en un sistema patrocina­do por el estado y destinado a la producción y redistribución de cantidades considerables de proteínas animales, en forma de carne humana […]. Desde el Brasil hasta los Grandes Llanos, las sociedades indoamericanas sacrificaban ritualmente víctimas humanas […]. Entre las so­ciedades grupales y aldeanas, el sacrificio ritual de prisioneros de guerra generalmente iba acompañado de la ingestión de la totali­dad o de una parte del cuerpo de la víctima. Gracias a los testimo­nios presenciales ofrecidos por Hans Städen, un marino alemán que naufragó en la costa de Brasil a principios del siglo XVI, tene­mos una vívida idea del modo en que un grupo, los tupinamba, combinaban el sacrificio ritual con el canibalismo. El día del sa­crificio, el prisionero de guerra, atado a la altura de la cintura, era arrastrado hasta la plaza […]. Mientras tanto, las ancianas, pinta­das de negro y rojo y engalanadas con collares de dientes huma­nos, llevaban vasijas adornadas en las que se cocinarían la sangre y las entrañas de la víctima. Los hombres se pasaban la maza cere­monial que se utilizaría para matarlo […]. Cuando al final aplastaban su cráneo, todos gritaban y chillaban. En ese momento, las ancianas corrían a beber la sangre tibia y los niños mojaban sus manos en ella. Las madres untaban sus pezones con sangre para que incluso los bebés pudieran sentir su gusto. El cadáver era tro­ceado en cuartos y cocinado a la parrilla mientras las ancianas, que eran las más anhelantes de carne humana, chupaban la grasa que caía de las varas que formaban la parrilla.

Y, sobre el mismo tema, el historiador mexicano Carlos Pereyra (1871-1942) nos amplía información[11]:

El sacrificio humano llegó a tener entre los aztecas una frecuencia y una generalidad que abisman […] Cada mes[12] tenía sus fiestas y cada fiesta sus víctimas. En un mes mataban muchos niños, llevándolos a las cumbres de los montes, donde les sacaban los corazones y los ofrecían en demanda de lluvias. Los niños iban adornados con plumajes y guirnaldas, y sus sacrificadores los acompañaban tañendo, cantando y bailando. Si los niños lloraban, el regocijo era mayor porque aquellas lágrimas significaban lluvia. En el segundo mes sacrificaban a los cautivos quitándoles antes las cabelleras […].

Llamadme raro, pero a mí, más que la imagen de un paraíso perdido o una Arcadia feliz, me parece la descripción del infierno. Y creo no pecar de atrevido si afirmo que el prisionero del primer relato hubiera estado de acuerdo conmigo. De hecho, para que vuelvan a producirse situaciones en las que la cotidianeidad esté inmersa en un horror comparable, habrá que esperar a la vida diaria en los más de cuarenta mil campos de exterminio en los que los alemanes torturaron y asesinaron a sus compatriotas de religión judía desde 1933 hasta 1945[13].

En todo caso, lo que queda claro es que los “pueblos originarios” no eran vegetarianos y mucho menos veganos. Y, considerando que el bocado favorito de un azteca era el muslito de niño guisado[14] —el emperador Moctezuma no comía otra cosa—, resultan tan irrisorios como ridículos los indigenistas veganos, ecologistas, buenistas y demás “-istas” al uso, manifestándose cada doce de octubre en defensa de los pueblos originarios, al tiempo que condenan el consumo de carne y proclaman abominaciones sobre la conquista española y la destrucción de los idílicos paraísos indígenas.

11 – El paradójico caso del “Che” Guevara. –

Para completar la imagen del tontíbero latinoamericano, comunista, indigenista y vegano, no está de más imaginarlo luciendo la efigie del Che Guevara en la camiseta[15] mientras derriba estatuas de frailes y de descubridores.

Naturalmente, el indigenismo comunista “olvida” que el Che admiraba a los conquistadores —él mismo descendía de uno—, reconocía el papel histórico unificador de la herencia española gracias al cual los iberoamericanos constituyen una unidad desde el Río Bravo hasta la Tierra del Fuego, y era contrario al indigenismo fomentado por la URSS desde 1930, por ser un factor que rompe la unidad continental, la cual consideraba indispensable para el triunfo de la revolución comunista: Pensemos en la unidad indestructible de todo nuestro continente.

El dieciséis de abril de 1967, en la Habana, en su MENSAJE A LOS PUEBLOS DEL MUNDO[16], más conocido como CREAR DOS, TRES, MUCHOS VIETNAM ES LA CONSIGNA, el Che afirmaba:             

En este continente se habla prácticamente una lengua, salvo el caso excepcional del Brasil, con cuyo pueblo los de habla hispa­na pueden entenderse dada la similitud de ambos idiomas. Hay una identidad tan grande entre las clases de estos países que logran una identificación de tipo “internacional americano” mucho más comple­ta que en otros continentes. Lengua, costumbres, religión, amo común los unen.

El propio Ernesto Guevara era un ejemplo de fusión de razas y culturas, pues descendía por parte de padre (Ernesto Guevara Lynch) de un emigrante irlandés, Patricio Julián Lynch y Roo, que llegó a ser considerado el hombre más rico de Hispanoamérica, y por parte de madre (Celia de la Serna) del conquistador guipuzcoano Domingo Martínez de Irala y de la india guaraní Iboty-I Yu Moquiracé, bautizada como Leonor.

Lamentablemente, los peores presagios del Che respecto al efecto rupturista del indigenismo se están haciendo realidad. En palabras de su compatriota Marcelo Gullo Omodeo[17]:

Nosotros los hispanoamericanos –e incluyo nuestros hermanos brasileños– no estamos divididos porque seamos subdesarrollados, sino que somos subdesarrollados porque estamos divididos. Y hoy el fundamentalismo indigenista, que tiene su raíz en la leyenda negra y se expande como un huracán que lo destruye todo a su paso, amenaza con provocar una nueva fragmentación territorial de la ya inconclusa nación hispanoamericana, lo que terminará haciéndonos aún más subdesarrollados.

12 – Ojalá nos hubieran conquistado los ingleses. –

El tontíbero hispano, en su afán por sostenella y no enmendalla, ignora las evidencias más patentes o pasa por ellas de puntillas, con los ojos cerrados y con las entendederas hueras. Tal vez, el ejemplo más notable sea ese fulano que, habiendo alcanzado el culmen de la estolidez rampante, te mira fijamente con sus profundos ojos negro azabache, contrae ligeramente los músculos del rostro por el intenso afán de enfatizar su aserto, y endureciendo sus ya pétreos rasgos mexicas o quechuas o totonacas o mapuches o mayas o aimaras o guaraníes o charrúas o tlaxcaltecas o… te espeta ésta pelotudez: ¡Ojalá nos hubieran conquistado los ingleses! ¿Se puede ser más tontíbero?

Así o de un modo muy similar, debió desarrollarse la anécdota que Juan Sánchez Galera refiere en su libro COMPLEJOS HISTORICOS DE LOS ESPAÑOLES (editorial Libros Libres, Madrid 2008). Cuenta don Juan que en una cena oficial lo sentaron al lado de un diplomático de un país hispanoamericano cuyos rasgos físicos revelaban inequívocamente su origen andino. En el transcurso de la conversación, en un momento dado afirmó: ¡Ojalá nos hubieran conquistado los ingleses!

Marcelo Gullo Omodeo[18] cuenta que su padre, que odiaba a España y no se recataba de manifestarlo, repetía esa misma frase con frecuencia.

Y Miguel Mazzeo y José Agustín Sánchez, en el artículo antes referenciado, afirman: […] esa frase vergonzante y repulsiva pero que, lamentablemente, tan a menudo escuchamos: “Ojalá hubiéramos sido colonia de Inglaterra” […] la razón principal de nuestros males es que sí fuimos colonia de Inglaterra, aunque exhibiéramos ante el mundo una independencia formal.

———————-

PRINCIPALES CRÓNICAS DE INDIAS QUE INFORMAN SOBRE LA SOCIEDAD MEXICA. –

Hernán Cortés, CARTAS DE RELACIÓN, son cinco cartas escritas en 1519, 1520, 1522, 1524 y 1526. En especial la segunda.

Fray Toribio de Benavente “Motolinia”, HISTORIA DE LOS INDIOS DE LA NUEVA ESPAÑA, 1541.

Francisco López de Gómara: HISTORIA GENERAL DE LAS INDIAS Y CONQUISTA DE MÉXICO, 1542.

Bartolomé de las Casas, BREVÍSIMA RELACIÓN DE LA DESTRUCCIÓN DE LAS INDIAS, 1542.

Fray Bernardino de Sahagún, HISTORIA GENERAL DE LAS COSAS DE NUEVA ESPAÑA, 1579.

Diego Muñoz Camargo, DESCRIPCIÓN DE LA CIUDAD Y PROVINCIA DE TLAXCALA DE LA NUEVA ESPAÑA E INDIAS DEL MAR OCÉANO, PARA EL BUEN GOBIERNO Y ENNOBLECIMIENTO DELLAS, 1585.

Fray Diego Durán, HISTORIA DE LA INDIAS DE NUEVA ESPAÑA E ISLAS DE TIERRA FIRME, 1587.

Hernando de Alvarado Tezozomoc, CRÓNICA MEXICANA, 1598.

Bernal Díaz del Castillo, HISTORIA VERDADERA DE LA CONQUISTA DE LA NUEVA ESPAÑA, 1620.

CÓDICES MEXICAS. –

Los códices más conocidos que relatan los sacrificios humanos y la crueldad con la que los aztecas sacrificaron a sus víctimas son:

El códice Selden. / El códice Nuttall. / El códice Laud. / El códice Magliabechiano. / El códice Tudela. / El códice Florentino. / El códice Fejérváry- Mayer también llamado Pochteca. / El códice Cospi.

También se conservan otros de carácter más general como el Borbónico, el Mendoza o el Borgia.


[1] Línea de actuación aprobada en el Congreso de Partidos Comunistas de América del Sur celebrado en 1929.

[2] Federico Aznar Fernández-Montesinos en DEL INDIGENISMO AL INDIANISMO. LOS MOVIMIENTOS ÉTNICOS EN AMÉRICA LATINA, Capítulo décimo (Instituto Español de Estudios Estratégicos, www.ieee.es), afirma que en Iberoamérica hay más de quinientas lenguas indígenas.

[3] Marcelo Gullo Omodeo, NADA POR LO QUE PEDIR PERDÓN, Editorial Planeta S. A., Espasa, Barcelona 2022, p. 97.

[4] Desde que Obama abolió el Día de Colón e instauró el Día de los Pueblos Indígenas, cada doce de octubre, en muchas escuelas infantiles de California, Tejas y demás estados que fueron parte de la América española, los niños acuden disfrazados de indios unos y de frailes franciscanos otros, y representan un teatrillo en el que los frailes españoles maltratan, insultan y azotan a los indios. La anécdota la cuenta la doctora Roca Barea en una de sus conferencias que puede encontrarse en YouTube.

[5] Miguel Mazzeo y José Agustín Sánchez, EN BUSCA DE NUESTRA IDENTIDAD, artículo publicado en la revista digital Marcha, nº 14, Buenos Aires, 06-11-1986, p. 19.

[6] Marcelo Gullo Omodeo, LA LEYENDA NEGRA ANTIESPAÑOLA QUE INVENTARON LOS…, artículo publicado en La Razón 25, Cultura, el 05-10-2021.

[7] Marcelo Gullo Omodeo en MADRE PATRIA (12ª edición, Editorial Planeta, S. A., Espasa, Barcelona, 2021), documenta cómo, desde que existe la nación mexicana, la mayor parte de sus presidentes han estado al servicio de Estados Unidos e incluso alguno de ellos fue miembro de la CIA, según consta en documentos de esa agencia recientemente desclasificados.

[8] Pedro Godoy Perrín, LA LEYENDA NEGRA ANTIESPAÑOLA, artículo publicado en espacioseuropeos.com el 23-03-2015.

[9] Al final de este ensayo se incluye una breve relación de crónicas de Indias y de códices indígenas, que constituyen la fuente fundamental de información —aunque no la única— de los antropólogos e historiadores que estudian este tema.

[10] Marvin Harris, CANÍBALES Y REYES, Alianza Editorial, El libro de bolsillo, capítulo 9, Madrid, 2011.

[11] Carlos Hilario Pereyra Gómez, BREVE HISTORIA DE AMÉRICA, editorial Aguilar, México D. F., 1949, p. 93.

[12] En el calendario mexica, el año se dividía en dieciocho meses de veinte días cada uno.

[13] Museo Memoria y Tolerancia 2023, Campos de concentración y exterminio: www.muy.org.mx/

[14] Las partes más apreciadas de los sacrificados, las extremidades, se distribuían entre la nobleza para que sus esclavas cocineras les prepararan Tlacatlaolli —en náhuatl tlaca significa hombre y tlaolli maíz—, un guiso hecho hirviendo en agua carne humana y abundante maíz cacahuacintle, que se acompañaba con salsa de ají. Fray Bernardino de Sahagún, el primer cronista de Nueva España, en su HISTORIA GENERAL DE LAS COSAS DE NUEVA ESPAÑA (doce volúmenes escritos entre 1540 y 1585), nos relata: Después de desollados […] llevaban los cuerpos al calpulco […] allí lo dividían y enviaban a Moctezuma un muslo para que comiese, y lo demás lo repartían a los otros principales o parientes […]. Cocían aquella carne con maíz, y daban a cada uno un pedazo de aquella carne en una escudilla o caxete, con su caldo y su maíz cocido, y llamaban a aquella sopa tlacatlaolli. El bocado más apreciado eran los niños: […] Estos tristes niños antes que los llevasen a matar aderezábanlos con piedras preciosas, con plumas ricas y con mantas y maxtles muy curiosas y labradas […]. Y si iban llorando y echaban muchas lágrimas, alegrábanse los que los veían llorar porque decían que era señal que llovería muy presto. El Tlacatlaolli es el antecedente del actual pozole que los mexicanos comen en septiembre, coincidiendo con la cosecha del maíz, aunque ahora lleva carne de pollo o de cerdo.

[15] La imagen del Che fue puesta de moda por los estudiantes parisinos en las revueltas de mayo del 68.

[16] Este mensaje está transcrito íntegramente en el número cero de la revista TRICONTINENTAL, fundada durante la Conferencia Tricontinental de La Habana en 1966 y publicada trimestralmente por la OSPAAAL.

[17] Marcelo Gullo Omodeo, LA LEYENDA NEGRA ANTIESPAÑOLA QUE INVENTARON LOS…, artículo publicado en La Razón 25, Cultura, el 05-10-2021.

[18] Marcelo Gullo Omodeo, NADA POR LO QUE PEDIR PERDÓN, Editorial Planeta S. A., Espasa, Barcelona 2022, p. 75.


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