Nuestra campeona en acción.

Anoche, un esporádico aunque oportuno insomnio, me proporcionó el honor y el placer de ver a nuestra Ruth Beitia ganar la medalla de oro en salto de altura. A sus treinta y siete espléndidos años voló mejor que nunca, aunque lo hizo como siempre: mirando al cielo a través de sus gafas de sol, para que no la deslumbrara el resplandor de la gloria.Tras veintiséis años de preparación, de esfuerzo, de fortaleza y de coraje, que se dice pronto, se ha convertido en la primera deportista española que consigue un oro olímpico en atletismo. ¡Olé por ti, campeona! Y olé por todas las deportistas españolas que tan alto y bien honrado están dejando el pabellón español en estos juegos olímpicos. Mejor dicho ¡olé por las españolas! Aunque ahora, a las que toca vitorear, aclamar y homenajear es a las deportistas, que están demostrando ser dignísimas herederas de los genes de Beatriz de la Cueva; Ana Díaz; María de Estrada; Catalina de Bustamante; Juana de Austria; Mencía Calderón; la anónima combatiente de Lepanto que, en premio a su heroísmo, sentó plaza de honor en el tercio de Lope de Figueroa; Inés de Suárez; Catalina de Erauso; Sor Marcela de San Félix; María Pita; Feliciana Enríquez de Guzmán; Rosario de Cepeda; Isidra Quintana; Josefa Amar; María de Betancourt; Manuela de Luna; María Bellido; Agustina de Aragón; Mariana Pineda; Sabina Muchart; Isabel Cendala; Gerda Taro; Piedad Álvarez; María Mestayer; y un larguísimo etcétera que llega hasta Ruth Beitia… por ahora. ¿Qué, que hay en esta fragmentaria lista algunas antepasadas ilustres cuyas memorables hazañas desconoces? Pues ponte a buscar en la enciclopedia ¡ya! Todas ellas y tantas otras, se hicieron merecedoras de que su memoria perdure entre nosotros y, además, nuestra autoestima colectiva saldrá muy, pero que muy reforzada.


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