Pedro Albizu Campos, siendo detenido en 1950

El más destacado defensor de la independencia de Puerto Rico en el siglo XX, Pedro Albizu Campos, fue hijo ilegítimo de Alejandro Albizu Romero (1843–1920), un funcionario de aduanas nacido en Ponce de padre venezolano y abuelos españoles, y de Juliana Campos Campos, una lavandera mulata descendiente de esclavos africanos. Pedro nació en Ponce el doce de septiembre de 1891 y falleció el veintiuno de abril de 1965 a consecuencia de las torturas recibidas en la cárcel de San Juan por orden del gobierno estadounidense.

Con cuatro años quedó huérfano de madre y lo crio su tía materna Rosa. Su padre no lo reconoció ni le dio legalmente su apellido hasta que, con catorce años, entró en el Ponce High School. Desde niño fue un estudiante brillantísimo con una inteligencia muy destacada, y gracias a las becas que ganó pudo estudiar en universidades estadounidenses[1]. Estudió Ingeniería Química en la Universidad de Vermont, y Derecho y Humanidades en la de Harvard. Además de conocer el griego y el latín, hablaba con fluidez, inglés, francés, italiano, alemán y español, su lengua materna. En Harvard conoció a su futura esposa, la peruana Laura Emilia Meneses del Carpio (1894–1973). Presidió la organización estudiantil Caballeros de Colón, creada por él para agrupar a los estudiantes hispanoamericanos. También fue presidente de Cosmopolitan Club, organización que agrupaba estudiantes de todas las nacionalidades, pensamientos e ideologías en la que hizo amistad con dos compañeros que jugarían después importantes papeles en las independencias de la India y de Irlanda respectivamente: Subhas Chandra Bose que sería estrecho colaborador de Mahatma Gandhi, y Éamon de Valera que llegaría a ser presidente de Irlanda. Durante la Primera Guerra Mundial se alistó voluntario en el Harvard Reserve Officers Training Camp y sirvió durante cuatro años en el Ejército de Estados Unidos. Fue teniente en el Regimental Staff 375th Infantry que, como todas las unidades puertorriqueñas creadas durante la I Guerra Mundial, estaba segregado racialmente. Y, como además de hispano era mulato, fue destinado a un batallón compuesto exclusivamente por negros. No llegó a ser enviado al frente europeo. Terminada la guerra, finalizó sus estudios de Derecho.

Albizu sufrió el racismo, la discriminación y el colonialismo en carne propia, y dada su despierta inteligencia y su sólida formación, no cabe duda de que comprendió las diferencias entre los imperios generadores y los imperios depredadores medio siglo antes de que el filósofo español Gustavo Bueno Martínez (1924–2016) acuñara esos conceptos. Cuando Pedro nació, Puerto Rico era todavía una provincia española con idéntico estatus legal que el resto de provincias españolas y con representación en las Cortes españolas. Los puertorriqueños eran españoles con idénticos derechos y deberes que el resto de españoles, fuera cual fuera el color de su piel y su lugar de nacimiento. Además, en 1897 Puerto Rico, junto con Cuba, obtuvo el primer Estatuto de Autonomía aprobado por las Cortes españolas. En cambio, cuando Pedrito —así lo llamaban familiarmente— llegó a tener pleno uso de razón, Puerto Rico era ya una colonia explotada por el imperialismo estadounidense. En la universidad, Pedro conoció la historia de Roma, y es precisamente ese conocimiento el que permite distinguir el concepto de imperio del concepto de imperialismo, y diferenciar las políticas imperiales de las imperialistas[2]. En los imperios como el romano o el español, ni los territorios ni los pueblos conquistados son considerados como un botín sino como una ampliación de la metrópoli. Para los imperialismos como el portugués, el inglés, el holandés, el francés, el alemán, el belga o el estadounidense, tanto los territorios como los pueblos conquistados son considerados permanentemente como un objeto de saqueo. La acción imperial se implementa mediante el mestizaje de linajes y la integración de culturas, mientras que la acción imperialista se desarrolla mediante la limpieza étnica, es decir, el exterminio de la población autóctona y su sustitución por invasores llegados de la metrópoli o, si lo numeroso de la población hace imposible su exterminio, la imposición de la segregación racial, que en el caso de los imperialismos reformados es despótica y absoluta. España, heredera de Roma y creadora del humanismo cristiano español —trasladado a la jurisprudencia por los sabios de la Escuela de Salamanca—, fue un imperio generador que descubrió un mundo nuevo y generó un pueblo nuevo. En cambio Inglaterra, heredera de la Reforma, fue un imperialismo y como tal exterminó a los indí­genas de América del Norte, de Australia o de Tasmania, e impuso la segregación racial en Nigeria, Sudáfrica o la India, donde la población nativa era demasiado numerosa para exterminarla. Otro tanto hizo la calvinista Holanda en sus colonias. Y Alemania, cuna del luteranismo, exterminó a los indígenas de Namibia. Incluso Francia y Portugal, a pesar de ser católicos como España, se comportaron en sus colonias como imperialismos depredadores. En cuanto a Estados Unidos, esto es lo que opinaba otro puertorriqueño acérrimo de la independencia, Eugenio María de Hostos Bonilla (1839–1903)[3]:

Puerto Rico ha sido anexada por la fuerza. Ya está rota la tradición jurídica: ya está violado el principio federativo […] Es una convicción inconfesa de los bárbaros que intentan desde el Ejecutivo de la federación popularizar la conquista y el imperialismo, que para absorber a Puerto Rico es necesario exterminarlo; y, naturalmente, ven como hecho que concurre a su designio que el hambre y la envidia exterminen a los puertorriqueños, y dejan impasibles que el hecho se consume.

La lúcida inteligencia de Pedro Albizu comprendió con claridad las diferencias antedichas. Por eso defendió siempre la obra de España en América y ensalzó la herencia española y católica de Puerto Rico, tal y como evidencian estas palabras[4]:

[…] tenéis que volver por los fueros de vuestros propios orígenes. Aquel que no es orgulloso de su origen no valdrá nada nunca porque empieza por despreciarse a sí mismo. Por eso nosotros veneramos el nombre de España, porque para nosotros significa la ciencia del Derecho, las ciencias positivas, la ciencia de la moral y la tradición cristiana de nuestro pueblo.

Y en relación a las políticas imperialistas estadounidenses en Puerto Rico, entre otras cosas escribió[5]:

Las naciones intervenidas como la nuestra sumarán su riqueza a la del poder que las domina para beneficio exclusivo de éste […] Los Estados tienen formas de amparar sus propósitos más nefastos con dulces palabras de igualdad, fraternidad, libertad y democracia […] Es una insensatez creer que los invasores tengan otro interés que no sea la explotación de Puerto Rico. […] Como ningún imperio puede mantenerse sin la cooperación de los naturales del país ocupado por la fuerza, se sirve de ellos pero los desprecia. […] El amo nunca confía en sus esclavos.

En consecuencia, fiel a sus principios y convicciones, cuando regresó a Puerto Rico y terminó Derecho (1921) renunció al provechoso futuro que le hubiera deparado el lucrativo ejercicio de la abogacía y se consagró en cuerpo y alma a la tarea de convencer a los puertorriqueños de que debían sacudirse el yugo colonial estadounidense. En palabras de Arcadio Díaz Quiñones[6]:

En ausencia de una tradición bélica, lo que hizo Albizu fue audaz y paradójico. Aquel joven mulato… uno de los primeros puertorriqueños que logró formarse en las universidades de Vermont y de Harvard, perfectamente bilingüe, de forma inesperada se negó a aceptar los fundamentos mismos de la política de la colonia y rehusó cumplir con el prestigioso papel social para el que se había preparado como abogado. Militarizó la política, enardeció al país, internacionalizó el caso de Puerto Rico y desencadenó la potencia represiva del régimen.

En 1925 ingresó como vicepresidente en el Partido Nacionalista recién creado por José Coll y Cuchí. En 1927 fundó en Cuba la Junta Nacional Pro Independencia de Puerto Rico, envió a su familia al Perú y, durante tres años, viajó por las Antillas, América Central, México y Venezuela recabando apoyos para la causa independentista puertorriqueña. En 1930, junto con su familia regresó a la isla. Ese mismo año fue nombrado presidente del Partido Nacionalista.

Albizu añoraba la economía comercial, agrícola y ganadera del siglo XIX, cuando más del ochenta por ciento de los puertorriqueños eran propietarios de su parcela de terreno. La colonización estadounidense había forzado la concentración de fincas impuesta por el capital invasor en las primeras décadas del siglo XX, cuando las grandes corporaciones estadounidenses adquirieron la propiedad de las tierras productivas y las dedicaron al cultivo exclusivo de caña de azúcar para surtir a la central azucarera. Los puertorriqueños, por obra y gracia del colonialismo, se transformaron de propietarios en jornaleros. En 1930, cuando la Gran Depresión había sumido a Puerto Rico en la miseria, Pedro Albizu clamaba por[7]:

[…] suprimir el acaparamiento de los recursos. Tenemos que distribuirlos entre nuestro pueblo. Debe surgir la legión de propietarios que teníamos en 1898. [los partidarios del dominio colonial estadounidense] olvidaron que en el 98 éramos dueños de nuestra propia tierra. Estaba en nuestras manos casi totalmente. Esa era la base de la vieja felicidad colectiva que se ha extinguido. […] Es forzosa una política agresiva ante esa penetración para ofrecerle toda resistencia posible.

En 1933, la renta per cápita había descendido un setenta por ciento. El salario de los cortadores de caña se había reducido de noventa a cincuenta centavos por día de trabajo que era lo que ganaban a finales del siglo XIX, pero la libra de pan[8] había subido de cuatro a diez centavos y el litro de leche de cinco a catorce centavos[9]. La ayuda per cápita que el gobierno estadounidense destinó a Puerto Rico durante la Gran Depresión, fue muy inferior a la destinada a los estados continentales y a Hawái. A consecuencia de la hambruna, la salud de la población se deterioró hasta el punto de que los sanos enfermaban y los niños, ancianos y enfermos morían a causa de la malnutrición. Juan Sáez Corales, que llegaría a ser presidente de la Confederación General de Trabajadores (CGT), nos cuenta[10]:

Las mil enfermedades que producen el hambre y la miseria cayeron siempre sobre los pobres. En mi familia el balance fue desastroso. Toda la familia enfermó. Mi hermanita menor, de apenas tres años, murió. Siempre he creído que su muerte la ocasionó el debilitamiento físico causado por el hambre.

La caña de azúcar llegó a ocupar casi toda la tierra cultivable desplazando a otros productos de primera necesidad que tenían que ser importados con el consecuente encarecimiento. En 1935, el 45,2% de la superficie cultivada estaba concentrado en el 2,4% del total de fincas[11]. Por mucho que en el debate entre anexionistas e independentistas los primeros acusaran a los segundos de idealizar el pasado español de la isla, no se puede negar que en los años treinta la población vivía infinitamente peor que a finales del siglo XIX, cuando Puerto Rico era provincia española y la legión de propietarios disponía como mínimo de unas cabras u ovejas, unas gallinas, algún cerdo, unos frutales y un huerto en el que cultivar lo que les viniera en gana. No es de extrañar que Albizu se enfrentara al poder colonial responsable de tal desafuero. Y para resistir los mecanismos militares, políticos, culturales y jurídicos del imperialismo, enarboló la religión católica de la hispanidad, mucho más antigua que el protestantismo estadounidense, como un desafío a la religión imperialista. Para él, la civilización hispano-católica representaba la autoridad de la tradición, en contraposición con el mundo protestante anglosajón que, so capa de traer ideologías de progreso, representaba el racismo, la segregación y la explotación.

En 1933, el Partido Nacionalista organizó una huelga contra las empresas que tenían el monopolio eléctrico de la isla y, al año siguiente, otra contra las compañías azucareras. La movilización social fue un éxito y como respuesta, en febrero de 1934, el presidente Roosevelt nombró al general Blanton C. Winship (1869–1947) gobernador de la isla con el encargo de aplastar al Partido Nacionalista encarcelando a sus dirigentes e intimidando a sus afiliados[12]. Inmediatamente militarizó de facto a la policía colonial dotándola de ametralladoras y material antidisturbios, y con la colaboración del jefe de policía, el coronel Elisha Francis Riggs que venía de ser asesor militar de Anastasio Somoza en Nicaragua, sembró la isla de campos de entrenamiento policial calcados de los militares. La represión de los nacionalistas se disparó (nunca mejor dicho). El domicilio de Pedro Albizu fue tiroteado en varias ocasiones, obligándolo a tener guardia de seguridad permanentemente. Sicarios del gobernador compraron a miembros del Partido Nacionalista próximos a Albizu para que lo asesinaran, aunque fracasaron porque uno de ellos fue leal y avisó a su jefe. En octubre de 1935 tuvo lugar una asamblea estudiantil en la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras, con estudiantes a favor y en contra de Pedro Albizu. Los policías que debían velar por el orden, asesinaron a tiros a cuatro nacionalistas que estaban desarmados en el interior de un coche aparcado, y a un desafortunado transeúnte. Fue la llamada Masacre de Río Piedras. En febrero de 1936, como represalia por la masacre, dos nacionalistas mataron al coronel Riggs. Una vez detenidos y desarmados los autores, fueron llevados a la comisaría de San Juan y asesinados por los policías que los custodiaban. Estados Unidos practicaba el terrorismo de Estado y, consecuentemente, nunca juzgó a ninguno de los policías ejecutores de sus políticas de terror a despecho de pruebas y testigos[13].

El Partido Nacionalista acordó el boicot electoral y la no colaboración con el régimen, al tiempo que creaba el Cuerpo de Cadetes de la República y las Hijas de la Libertad, unas unidades uniformadas —Camisas Negras— destinadas a convertirse en un futuro ejército libertador. En su organización, Albizu puso en práctica la formación militar recibida en el ejército estadounidense, ya que esa y no otra había sido su intención cuando decidió alistarse voluntariamente. Así se lo explicó el propio Albizu a un periodista que lo entrevistó en cierta ocasión.

En 1936, Pedro Albizu fue detenido junto con los principales líderes nacionalistas. Acusados de conspirar para derrocar el gobierno militar de la isla, un jurado compuesto por diez estadounidenses y dos puertorriqueños los condenó a penas de entre seis y diez años de cárcel.

El veintiuno de marzo de 1937, Domingo de Ramos, el Partido Nacionalista, con autorización del alcalde, organizó en Ponce un mitin y una manifestación civil pacífica para conmemorar la abolición de la esclavitud por las Cortes españolas y también para protestar por el encarcelamiento de sus líderes. El acto fue aprovechado por el gobernador Winship para planificar y ordenar la llamada Masacre de Ponce[14]. Siguiendo sus órdenes, unos doscientos policías coloniales que previamente habían ocupado posiciones estratégicas, abrieron fuego contra los concurrentes — desarmados, por supuesto— con ametralladoras, rifles, carabinas y bombas lacrimógenas. Asesinaron a veintiuna personas, algunas a golpes de porra, e hirieron a más de doscientas. Dos de los muertos fueron policías que cayeron víctimas del fuego cruzado de sus propios compañeros. Las fotografías de los diarios El Imparcial y El Mundo demostraron que, como afirmaron los testigos presenciales, se trató de una emboscada perfectamente planificada. El catorce de abril de 1937, el congresista John T. Barnard, ante la Cámara de Representantes de Estados Unidos, dijo[15]: Era evidente […] que el Gobernador estaba hostilizando a los defensores de la independencia para justificar una masacre colectiva […] en caso de celebrarse una parada nacionalista en San Juan. […] En Ponce sucedió la masacre que no pudo darse en San Juan. […] es el deber del Congreso ordenar una investigación inmediata e imparcial. En efecto, se reunió un Gran Jurado, pero el fiscal designado dimitió en protesta porque Winship le había impedido llevar a cabo investigación alguna. Simultáneamente, el gobierno estadounidense derogó la ley federal que permitía acusar a los funcionarios públicos, lo que en la práctica supuso otorgar inmunidad al gobernador Winship[16].

En 1938, el gobernador ordenó que los actos de celebración del cuarenta aniversario de la invasión estadounidense de la isla, se organizasen en Ponce y no en San Juan como correspondía. El veinticinco de julio, durante las celebraciones, Ángel Esteban Antongiorgi disparó varias veces contra el gobernador, pero solo logró matar a un policía de la escolta y herir a algunos de sus acompañantes antes de que lo abatieran a él[17].

En el terreno político, el gobernador Winship se opuso a aplicar en Puerto Rico la Ley de salario mínimo aprobada por el gobierno estadounidense, ya que hubiera supuesto duplicar lo que cobraban los jornaleros en las plantaciones. En 1939, en un discurso ante el Congreso titulado Cinco años de tiranía, el congresista Vito Marcantonio dijo entre otras cosas[18]: En sus cinco años como gobernador de Puerto Rico, el señor Blanton Winship ha destruido hasta el último vestigio de derechos civiles en Puerto Rico. […] Hombres mujeres y niños fueron masacrados en las calles de la isla simplemente porque se atrevieron a expresar su opinión o intentaron reunirse en asamblea libre. Cuando, ese mismo año, el general Winship fue relevado del cargo, la Universidad de Puerto Rico lo nombró doctor honoris causa… ¡Con un par!

Albizu cumplió su condena en la cárcel de Atlanta, Georgia. Justo antes de ser enviado allí, todavía en la prisión de San Juan, fue entrevistado por Edgar K. Thompson, agente del FBI y abogado con formación militar. Esto es lo que escribió en un informe confidencial el veintiuno de abril de 1937[19]:

[…] Campos, un hombre brillante […] debe asignársele al llegar una tarea a la altura de sus logros mentales […] puede utilizársele como maestro de inglés, español, francés, italiano o alemán, de los que es conocedor […] es un hombre de carácter fuerte y temperamento suave, y tiene el rasgo latino de ser muy entusiasta, lo que a veces lleva a sus seguidores a actos de violencia […] [Aconseja que] no enseñe historia, ciencia política o un curso de leyes porque sin querer podría convertir la clase en un curso de nacionalismo e independencia de Puerto Rico.

 En 1947, don Pedro regresó a Puerto Rico con la salud dañada —había pasado dos años gravemente enfermo y hospitalizado en Columbus, Nueva York— pero con su moral intacta: Yo nunca he estado ausente. La ley del amor y del sacrificio no permite la ausencia[20]. Albizu regresó de su experiencia carcelaria mucho más huracanado, violento, lleno de rebeldías y urgencias revolucionarias[21]; ya no era el mismo que participó en las elecciones de 1932 pidiendo una convención constituyente. De inmediato continuó la lucha por la independencia oponiéndose a la instauración del Estado Libre Asociado que el poder imperialista estaba perpetrando con la complicidad de los puertorriqueños anexionistas. En mayo de 1948, recién regresado Albizu, entró en vigor la llamada Ley de la Mordaza o Ley 53, para reprimir la libertad política de los puertorriqueños discrepantes, y en buena medida se aprobó para encarcelar de nuevo a Pedro Albizu[22].

En octubre de 1950 se precipitaron los acontecimientos. El veintiséis, estando Albizu en Fajardo, fue informado de que la policía había rodeado su casa en San Juan para detenerlo y pudo escapar. El veintisiete, en Peñuelas, la policía interceptó una caravana de nacionalistas y disparó sobre ellos asesinando a cuatro. Los nacionalistas respondieron al fuego matando a dos policías[23]. Antes del amanecer del veintinueve, en Peñuelas, la policía rodeó la casa de la madre del presidente del Partido Nacionalista de Peñuelas y, sin previo aviso, abrió fuego. Los ocupantes respondieron con armas de pequeño calibre y el tiroteo se saldó con dos nacionalistas muertos y seis policías heridos[24]. Albizu Campos llamó a la rebelión. El treinta se produjo un levantamiento contra la ocupación estadounidense en las principales poblaciones de Puerto Rico. La insurrección fue especialmente vigorosa en San Juan y en Jayuya. En este municipio la revuelta fue acaudillada por Carlos Irrizary, Elio Torresola y Blanca Canales, adalid de Las Hijas de la Libertad. Blanca tomó el control de la ciudad durante tres días, proclamó la Segunda República de Puerto Rico y, por primera vez bajo el dominio de Estados Unidos, izó la Monoestrellada, la bandera puertorriqueña, algo que estuvo prohibido desde 1898 hasta 1952. Este alzamiento se conoce como el Grito de Jayuya. Washington envió a la Guardia Nacional que bombardeó la ciudad con aviones y artillería terrestre. Jayuya fue destruida y la revuelta sofocada, pero el gobierno estadounidense puso buen cuidado en mantener en secreto esta acción militar fuera de Puerto Rico. En la cercana población de Utuado, los insurgentes fueron masacrados después de rendirse[25]. En San Juan, los rebeldes atacaron La Fortaleza, la residencia del gobernador. Todos los levantamientos fueron aplastados y cientos de nacionalistas arrestados. Ese mismo año, Pedro fue acusado de ser responsable del levantamiento y nuevamente encarcelado en la prisión La Princesa, en el Viejo San Juan. Para su condena, la prueba fueron doce discursos pronunciados por Albizu entre 1948 y 1950, y la aplicación de la Ley de la Mordaza, claro. Esos discursos habían sido taquigrafiados por agentes encubiertos y permanecieron censurados durante cuarenta años, hasta que una sentencia judicial obligó a hacerlos públicos. Hasta ese punto temían las autoridades coloniales la oratoria de Albizu.

El 1 de noviembre de 1950, un grupo independentista atentó contra la Casa Blair de Washington en la que, en ese momento, residía el presidente Harry Truman por estar en obras la Casa Blanca. También de esto fue responsabilizado Albizu aunque nada se le pudo probar.

En 1952, el Partido Nacionalista denunció ante la Organización de Estados Americanos que los presos políticos eran torturados en las cárceles de Puerto Rico[26].

En 1953, Albizu fue indultado por el gobernador de Puerto Rico, Luis Mu­ñoz Marín. Albizu rechazó el indulto pero fue expulsado de la cárcel. Inmediatamente, inasequible al desaliento, retomó su actividad independentista.

En 1954, tras producirse otro atentado independentista en el Congreso estadounidense del que también se le responsabilizó, se revocó el indulto y fue vuelto a encarcelar. En esta ocasión, las autoridades estadounidenses decidieron librarse de una vez por todas de un personaje tan díscolo. Y lo hicieron al más puro estilo de los hijos de la Reforma: perpetraron un crimen de Estado y lo envolvieron en mentiras. Durante su encarcelamiento, sometieron al preso a sesiones de radioactividad. Albizu comenzó a tener lacerantes quemaduras en todo su cuerpo. Desde la prisión, denunció que estaba siendo sometido a intensas radiaciones. El doctor Orlando Damuy, presidente de la Asociación Contra el Cáncer de Cuba, viajó a Puerto Rico para examinar a Albizu y confirmó que las quemaduras que sufría eran causadas por la exposición a la radiación. Las autoridades estadounidenses, sin embargo, lo negaron y acusaron a Albizu de locura. Por supuesto, no le proporcionaron atención médica de ningún tipo y siguieron irradiándolo. Su salud fue de mal en peor y en marzo de 1956 sufrió un ictus que le paralizó el lado derecho del cuerpo y lo dejó sin habla y casi ciego. No recibió asistencia médica hasta pasados cinco días. El quince de noviembre de 1964, para redondear el engaño y que no se les muriera en prisión, las autoridades lo indultaron y lo mandaron a casa. Falleció, tras cinco meses de agónico sufrimiento, el veintiuno de abril de 1965.

A su entierro asistió una multitud como nunca antes se había visto en la isla. Miles de compatriotas convirtieron el traslado de su féretro al cementerio de San Juan en una ceremonia de homenaje al que consideraban héroe nacional puertorriqueño[27].

En 1994, siendo presidente de Estados Unidos William J. Clinton, el Depar­tamento de Energía reconoció que entre los años 1950 y 1970 había llevado a cabo experimentos con radiación en las cárceles sin el consentimiento de los prisioneros, y desclasificó la documentación. Pedro Albizu Campos, el político e intelectual más inte­gro e importante de la historia de Puerto Rico, fue una de las víctimas de aquellos experimentos[28]. Pagó cara su inquebrantable volun­tad de conseguir la independencia. En España es un desconocido y en Puerto Rico ya casi nadie lo recuerda. Es un deber rescatarlo del olvido y organizarle un gran homenaje.

Adenda. –

Por si acaso, tras lo leído hasta aquí, queda todavía algún resto de duda acerca del concepto que tienen los estadounidenses sobre los puertorriqueños, resulta oportuno, creo yo, terminar este artículo citando las palabras del último gobernador militar de Puerto Rico, el brigadier general George W. Davis (1839–1918)… y que cada cual saque sus propias conclusiones[29]:

Es esencial que la franquicia electoral en Puerto Rico sea restringida para evitar que el control político pase a manos de la vasta horda de ignorantes que no tienen idea de los deberes de la ciudadanía. […] La vasta mayoría de la gente no está más capacitada para participar en el acto de gobierno que nuestros indios de las reservas. Ciertamente, los puertorriqueños son más inferiores que los chinos en la escala social, intelectual e industrial. […] Los peores rasgos de la prostitución del voto […] se repetirán en Puerto Rico. Las clases trabajadoras serán convocadas contra el capital […] y se dará la quema de cañaverales y otras propiedades, asesinatos, impuestos injustos, desorden general y parálisis del desarrollo comercial.


[1] Recibió una beca otorgada por la Cámara de Delegados de Puerto Rico y otra de la logia masónica La Aurora de Ponce. Además, durante sus años universitarios desempeñó todos los trabajos que pudo compatibilizar con su formación académica, como ser columnista del Christian Science Monitor, que entonces era el segundo diario más prestigioso de EE. UU. Marisa Rosado, LAS LLAMAS DE LA AURORA: ACERCAMIENTO A UNA BIOGRAFÍA DE PEDRO ALBIZU CAMPOS, Ediciones Puerto, 4ª ed., 2006.

[2] Marcelo Gullo Omodeo, LO QUE AMÉRICA LE DEBE A ESPAÑA, Espasa, Editorial Planeta S. A., 2023, pp. 92-93.

[3] Eugenio María de Hostos, OBRAS COMPLETAS, volumen V, 1939, p. 251.

[4] Palabras extraídas del discurso que Albizu pronunció el 12 de octubre de 1933 para conmemorar el Día de la Raza. Pedro Albizu Campos, LA CONCIENCIA NACIONAL PUERTORRIQUEÑA, selección, introducción y notas de Manuel Maldonado Dennis, 3ª ed., Siglo Veintiuno Editores, México, 1977, p. 211.

[5] Pedro Albizu Campos, OBRAS ESCOGIDAS 1923-1936, Recopilación, introducción y notas de J. Benjamín Torres, Editorial Jelofe, San Juan, 1975, 3 volúmenes, I, pp. 192, 196 y 268.

[6] Arcadio Díaz Quiñones, EL ARTE DE BREGAR, La pasión según Albizu, Ediciones Callejón, San Juan, 2000, pp. 91-92.

[7] Ver nota 5, pp. 103 y 146.

[8] En España se llamaba libreta al pan de una libra: 453,60 g.

[9] James A. Dietz, ECONOMIC HISTORY OF PUERTO RICO.  Princeton University Press, New Jersey, 1986, p. 139.

[10] Francisco Scarano, PUERTO RICO. CINCO SIGLOS DE HISTORIA, McGraw Hill, San Juan, 1993, p. 674.

[11] Ibid. p. 50.

[12] AW Maldonado, Luis Muñoz Marín, LA REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA DE PUERTO RICO, Editorial Universidad de Puerto Rico, San Juan, 2006, p. 121.

[13] ENCICLOPEDIAPR, “La masacre de Río Piedras”. https://enciclopediapr.org/content/la-masacre-de-rio-piedras/

[14] Sonia Carbonell, BLANTON WINSHIP Y EL PARTIDO NACIONALISTA 1934-1939, Tesis Departamento de Historia, UPRRP (Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras), 1984.

[15] Diario de Sesiones del Congreso, 14-04-1937, pp. 934 a 936.

[16] Marisa Rosado, Puerto Rico Encyclopedia, HISTORIA: LA MASACRE DE PONCE (1937), 12-09-2014.

[17] Periódico Macleay Argus, INTENTO DE ASESINATO, 26-06-1938, p. 4.

[18] Diario de Sesiones del Congreso, 14-08-1939.

[19] Traducido por Gervasio L. García y recogido en su artículo PENSAR Y SENTIR LA HISTORIA, 80grados prensasinprisa (www.80grados.net), publicado el 17 de enero de 2020. Fuente original: Arcadio Díaz Quiñones, LA HISTORIA PROHIBIDA, 80grados, 18 de febrero de 2018.

[20] Rubén Dávila Santiago, Cuando regresó Muñoz… un día particular, Diálogo UPR, 28-04-2014.

[21] Ver nota 1, p. 325.

[22] Ver nota 11.

[23] LA NETA DEL OR: Puerto Rico: La lucha por la independencia, web.archive.org

[24] Pedro Aponte Vázquez, EL ATAQUE NACIONALISTA A LA FORTALEZA, Publicaciones RENÉ, 2013, p. 7.

[25] Ver nota 23.

[26] Publicaciones del Partido Nacionalista de Puerto Rico, Editor La Secretaría.

[27] Marisa Rosado, PEDRO ALBIZU CAMPOS, Ediciones Puerto, 2008, p. 386.

[28] U.S. SEEKS PEOPLE IN RADIATION TESTS; The New York Times; 25-12-1993.

[29] Traducido por Gervasio L. García y recogido en su artículo PENSAR Y SENTIR LA HISTORIA, 80grados prensasinprisa (www.80grados.net), publicado el 17 de enero de 2020. Fuente original: George W. Davis, MILITARY GOVERNMENT OF PORTO RICO FROM OCTOBER 18, 1898 TO APRIL 30, 1900” en Annual Report of the War Department for the Fiscal Year ended June 30, 1900. Washington, Government Printing Office, 1902, pp. 114 y ss.


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