Este es el título del nuevo libro que acabo de publicar en https://amzn.eu/d/09fM604v.

A continuación, reproduzco la INTRODUCCIÓN:

Hasta unos días antes de mi jubilación —felicísimo acontecimiento que tardó una eternidad en advenir— yo nunca había compuesto poesía alguna. Lo intenté cuando, siendo joven y ennoviado, durante los escasos periodos que pasaba separado de la que hoy es mi mujer, le escribía una carta diaria… Sí, sí, una carta con pluma estilográfica y papel que después metía en un sobre con dirección, remite y timbre postal, y echaba en un buzón de correos; como te lo cuento. Aunque, debo añadir en mi descargo que aún no se había inventado el teléfono móvil, ni el ordenador personal, ni internet, ni la fotografía digital, ni los televisores planos, ni… bueno, la rueda sí.

Más de una noche me afané en componerle a mi amada un poemita que hermoseara la epistolar misiva, pero ninguna de aquellas tentativas, aunque reiteradas, logró superar el umbral del pareado. Se conoce que, por aquellos entonces, yo era más de prosa… vamos, lo que se dice un tipo prosaico.

Sin embargo, cuando décadas más tarde me llegó el momento de la jubilación, inesperadamente fui poseído por un soplo de esa suerte de iluminación que los poetas de verdad llaman estro; en referencia, claro está, al estro lírico o rapto de ardiente inspiración poética, ya que el otro estro, el que en Zoología designa al periodo de celo de los mamíferos, ni tiene nada de poético ni es cosa de poetas sino de biólogos… pero resulta que yo soy biólogo… aunque metido a poeta… y también soy mamífero… entonces mi estro… en fin, que será mejor no divagar.

Sucedió así. Como es costumbre, con motivo de mi jubilación los compañeros de trabajo me habían organizado un banquete de despedida. Al finalizar, me darían un regalo y el homenajeado, o sea, un servidor, tendría que pronunciar unas palabras. Desde unos días antes del ágape, andaba yo con la comezón subliminal del enfoque que le daría al discursito. Y ocurrió que, el día anterior, durante la duermevela matinal, de forma totalmente inesperada y vaya usted a saber por qué, comenzaron a venirme versos a la cabeza susurrados, supongo, por algún dios guasón y con malafollá granaína… no se me ocurre otra explicación. Venciendo el sueño y la pereza, me levanté y los anoté. Esa misma tarde, sobre la base de esos versos, compuse mi primer poema; un soneto. Desde entonces, he compuesto otros cuantos y casi siempre por el mismo procedimiento: el dios guasón irrumpe inopinadamente en mis duermevelas y etc.

No son muchos los poemas reunidos. Se conoce que, a pesar de que con el tiempo me ha terminado aflorando una cierta vena poética, sigo siendo más prosaico que lírico

Este poemario recoge las poesías escritas a lo largo de diez años, entre enero de 2016 y febrero de 2026, ordenadas cronológicamente. En total sesenta y tres, aunque metafóricamente cabría decir que son sesenta poemas y un estrambote, equiparando los tres poemas que exceden el sexagésimo con los tres versos adicionales que constituyen el estrambote de los sonetos. Eso hace, aproximadamente y por término medio, un poema cada dos meses… Y sí, en efecto, mi producción poética no puede calificarse de prolífica sino, más bien, de mesurada, de comedida o, dicho sin ambages, de escasa.

Tal vez para compensar, y en mi subjetiva opinión, los versos que compongo son livianos, de lectura fácil y grata eufonía. Con una armonía y una musicalidad que aportan a los poemas una donosa ligereza y una rítmica cadencia comparable al compás de los cantes flamencos.

Lejos de ser composiciones planas, están dotadas de una suerte de adimensionalidad que, unida a su levedad, les permite romper anclajes con las dos dimensiones del papel y flotar, cual farolillos voladores, por inmersivos mundos adimensionales como el de la emoción, involuntario, subjetivo y conmovedor; el de la razón, circunspecto, cuadriculado y reflexivo; o el del sentimiento, más etéreo, delicado y poético.

Salvo alguna excepción, cada poema va acompañado de un comentario que lo complementa; que explica el contexto en el que surgió y aclara las circunstancias a las que hace referencia. Circunstancias personales y familiares en unos casos, o referidas a la actualidad del momento en otros. Estos comentarios hacen que llamarlo poemario resulte un tanto heterodoxo, al tiempo que le confieren un carácter mixto, poético-prosaico, y le añaden algunas pinceladas autobiográficas que no estaban en mi intención cuando abordé su elaboración pero que, ya que han surgido, ahí se quedan.

En fin, que aquí están las actas de las sesiones de maitines con esa deidad burlona que me visita de vez en cuando para inspirarme… o eso quiero creer. ¡Ah! y, como diría el clásico, de mis yerros y torpezas responda el dios y no yo.


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