Genocidio de cristianos en países musulmanes

Desde el pasado cuatro de febrero la Unión Europea, y desde el catorce de marzo los Estados Unidos, califican oficialmente de genocidio a la masacre de cristianos que los musulmanes yihadistas están llevando a cabo en Siria y en Irak. Concretamente en este segundo país, a principios de siglo vivían un millón y medio de iraquíes cristianos. Actualmente, a los alrededor de trescientos mil que aún no han sido asesinados, les han arrebatado absolutamente todo: casa, trabajo, negocio y cualquier tipo de pertenencia. Agonizan en condiciones infrahumanas en campamentos de hambre y miseria situados en el Kurdistán iraquí. Y a nadie parece importarle ni interesarle siquiera el asunto. Ni medios de comunicación, ni políticos, ni comentaristas, ni tertulianos… nadie los menciona. Al parecer, el máximo empeño de nuestros profesionales del buenismo políticamente correcto, es que todos nuestros desvelos se centren en los que rechazan los paquetes de ayuda de la Cruz Roja, porque llevan una cruz en el envoltorio. Yo debo de estar poniéndome muy mayor, porque cada vez nos entiendo menos a los españoles. Sí, ya sé que en el resto de países europeos ocurre lo mismo, pero es que ellos no padecieron ocho siglos de Reconquista, no salvaron la suerte de la civilización occidental en la batalla de Las Navas de Tolosa, no volvieron a salvar a Occidente en la batalla de Lepanto, no se desangraron durante más de un siglo en las reiteradas sublevaciones y alzamientos armados de los moriscos, hasta que resultó de una evidencia palmaria la imposibilidad de integrar a esos enemigos que, desde dentro de casa, ayudaban a los árabes y a los otomanos a destruirnos. ¿Es que no hemos aprendido nada de nuestra propia historia? ¿Es que la mayoría de los españoles conocemos mejor a los personajes de “El Señor de los Anillos” que a los protagonistas de la Historia de España? Lo dicho, cada vez nos entiendo menos. O eso es, al menos, lo que quiero creer, porque lo que me dice el sentido común es que estamos perpetrando nuestro suicidio colectivo, y… bueno, en fin, prefiero convencerme de que no entiendo nada.


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